

Las cartas propias las ven todos… menos uno mismo: fuegos artificiales cooperativos para la memoria.
Todos sostienen sus cartas del revés: cada uno ve solo las cartas de los demás. Entre todos hay que completar un castillo de fuegos artificiales en cinco colores y orden ascendente. Con escasas fichas de pista se dan indicaciones («estas dos cartas son azules»). Quien juega una carta debe fiarse de su memoria y de la lógica.
Hanabi es entrenamiento de memoria de trabajo en estado puro: las pistas recibidas deben retenerse durante rondas, combinarse y actualizarse. A ello se suma la toma de perspectiva: dar buenas pistas exige razonar qué sabe ya el otro. Spiel des Jahres 2013, con toda justicia.
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