

El cocodrilo sostiene a la oveja, que sostiene al pingüino: el clásico de apilar para manos tranquilas y buen ojo.
El dado decide si se apila un animal, dos o uno especialmente difícil sobre la pirámide creciente; la base es el cocodrilo. Si algo se cae, vuelve a quien lo tiró. Gana quien primero coloca todos sus animales de madera.
Cada animal tiene una forma caprichosa: ¿dónde ponerlo para que nada vuelque? El juego une motricidad fina y dosificación de la fuerza con pensamiento espacial: los niños estiman superficies de apoyo, anticipan el equilibrio y aprenden de los derrumbes. La frustración es mínima, porque el derrumbe suele acabar en carcajada.
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